* El perro y yo hemos hecho las paces. Nos quedamos en la cama viendo la tele, donde aparece gente comiendo toda clase de manjares deliciosos. A los dos se nos hizo la boca agua. Estamos débiles y de mal humor.
Esta mañana he comido algo del tazón del perro. A ninguno de los dos nos ha gustado. Hoy sí tendré que ducharme, afeitarme, peinarme, prepararle algo de comer al perro, sacarlo a pasear, lavar los platos, arreglar la casa, ir de compras y hacer varias cosas más, pero estoy hecho una piltrafa.
Siento como que me caigo y que se me empaña la vista. El perro ha dejado de menear la cola. En un supremo esfuerzo de conservación, hemos salido casi a rastras en busca de un restaurante, nuestro instinto de supervivencia ha podido más que nuestro agotamiento.
Encontramos un restaurante y estuvimos allí más de una hora, comiendo viandas exquisitas en distintos platos. Después nos hospedamos en un hotel. El cuarto está limpio, arreglado y es muy acogedor. He encontrado la solución perfecta para mantener la casa impecable. Me pregunto si a mi esposa alguna vez se le ha ocurrido hacer lo mismo.